martes, 18 de julio de 2017

ROUND FINAL (Final Round, 1994)


En ejemplos como “El malvado Zaroff” (1932), “Blanco humano” (1993) o la española “Poppers” (1984) veíamos como millonarios sin escrúpulos se divertían apostando su dinero realizando cacerías humanas, convirtiendo el sufrimiento ajeno en un cruel pasatiempo. No debe extrañar que dicha premisa haya originado pequeños filmes confeccionados para el lucimiento de estrellas del cine de acción cuyos personajes se ven envueltos en una especie de yincana sangrienta. Es el caso, claro, de este “Round Final”, largometraje de 1992 que agrega a la fórmula las artes marciales para disfrute de los fans de su protagonista, Lorenzo Lamas. Aquí el intérprete de “Falcon Crest” participa en contra de su voluntad en uno de esos concursos de persecución, mostrando sus atléticas habilidades y salvando la situación sin apenas sorpresas, viéndose perseguido por un grupo de mercenarios con look a lo “Mad Max”; le acompaña en su odisea la siempre bella Kathleen Kinmont, actriz prácticamente inseparable de Lamas por aquel entonces.

Pues eso, distracción sin extrañezas que, aunque sea por descarte y por mera comparación, acaba por convertirse en uno de los productos más apetecibles de la filmografía de Lorenzo Lamas.

Puntuación: 5/10

jueves, 13 de julio de 2017

EL CONFIDENTE (Leng xue hong fan, 1982)


Débil policiaco hongkonés realizado poco antes de que el género se renovase gracias a propuestas como “A better tomorrow” (1986) o “City on fire” (1987). Dirigida por Kei Law -quien en años anteriores atinó con cintas como “Los maestros tullidos” (1979)-, la película se centra en como un cuerpo de policía lucha contra la mafia en los barrios más peligrosos de la zona. De este modo, prostíbulos, casinos y nights-clubs son las localizaciones habituales a lo largo del metraje en una cinta que combina de manera aleatoria la acción marcial (peleas de kung fu en masa) con la pirotecnia más desenfrenada. Y aunque la propuesta parezca atractiva, lo cierto es que “El confidente” se sitúa bastante lejos de lo que podemos calificar como un buen filme: los personajes aparecen desdibujados y sin apenas carisma (como decíamos, faltaban unos años para que John Woo y Ringo Lam implantaran su estilo en las carteleras); la narración avanza de manera desacertada, aburriendo en más de una ocasión; y, sobre todo, el caos se apodera de la trama a la menor ocasión, pues en lugar de apostar por unas secuencias de acción ordenadas se da paso a un festival anárquico en el que el espectador acaba más confundido que los propios intérpretes.

Luego podemos justificar el visionado de “El confidente” como un interesante ejercicio de estudio para ver que se cocía en la industria a principios de los años ochenta, así como para descubrir uno de los primeros papeles del hoy célebre Simon Yam, aquí dando vida al agente protagonista decidido a implantar la ley y el orden en su país. Y es que, aunque el producto sea menor, siempre es un placer ver a Yam en la pantalla, pues no cabe duda de que es uno de los mayores valores aportados por la cinematografía asiática.

Por último, y como viene siendo habitual, adjunto la imagen del VHS que se comercializó en España en su momento. De la mano de la empresa Video Distribuciones Exclusivas nos llegaba esta engañosa caratula en la que vemos a un samurai y a un karateka en su pleno apogeo, invitando a creer que nos encontramos ante un filme 100% de artes marciales -confundiendo, más aún, al incluir el filme en la “Serie Karate” creada por la distribuidora-. Y es que como hemos dicho en la película hay peleas, sí, pero no se trata ni de un filme de época ni mucho menos de karatekas. Pero es que el error va más allá, ya que ni tan solo aparece la actriz japonesa Eiko Matsuda, destacada en la imagen como si se tratara de una super-estrella. Podemos sospechar que en algún momento existió un traspapeleo entre cintas y que por ahí existe alguna película nipona con el rostro de Simon Yam en la portada. Pero a saber...

Puntuación: 4/10

martes, 11 de julio de 2017

LA FURIA Y EL HONOR (Rage and honor, 1992)


Una más de las abundantes colaboraciones entre Cynthia Rothrock y Richard Norton, excelentes luchadores ambos, aquí ya metidos de lleno en el mercado norteamericano de serie B. Porque, sí, “La furia y el honor” pertenece a la larga serie de títulos de artes marciales datados en los años noventa confeccionados principalmente para ser degustados en el mercado del video y la televisión. Y lo cierto es que no dista mucho de otras propuestas similares, por lo que el espectador ya puede imaginar con que va a encontrarse nada más apretar el “play”. Realizando un breve resumen de la sinopsis, Rothrock interpreta Kris, una profesora de artes marciales envuelta en una trama de traficantes de drogas cuando un alumno suyo, de manera accidental, es testigo de una siniestra operación; la protagonista contará con la ayuda de Preston (Norton), un policía australiano experto en el combate cuerpo a cuerpo.

Cierto es que la cinta aporta pocas novedades y que el guión es defectuoso y está lleno de problemas -el amigo heroinómano no se sabe muy bien de dónde aparece, y la relación entre Rothrock y el villano que encarna Brian Thompson daba para mucho más, por no hablar del insufrible personaje al que da vida Alex Datcher, refiriéndose a sí misma en tercera persona- pero sin embargo, la acción fluye de tal manera que hace que pasemos por alto la historia y nos centremos en los puntos fuertes del filmes, a saber, la siempre bienvenida presencia del dúo Norton-Rothrock y las efectivas coreografías ofrecidas por la pareja. Dicho esto, creo que queda claro que “La furia y el honor” es un filme fabricado únicamente para fans del género y completistas de la filmografía de los dos protagonistas. Entre los que me encuentro, por supuesto.  

Puntuación: 6/10

viernes, 7 de julio de 2017

LOS DEMOLEDORES (Three the Hard Way, 1974)


El movimiento blaxploitation dejó para la posteridad piezas de todo tipo, y hablar por igual de las diferentes propuestas que engloban la corriente es un error, por desgracia, demasiado común en diferentes estudios. Dicho de otro modo, a la hora de buscar cierta información sobre el tema es bastante habitual encontrarse con afirmaciones del tipo “vista una, vistas todas”, cuando cualquiera que pretenda dedicarle un mínimo de tiempo e interés puede comprobar como existe un abismo de calidad -en todos los sentidos- entre cintas como “Blackenstein” (1973) o “Foxy Brown” (1974), por citar dos ejemplos al azar. De este modo, y como ya hemos hablado con anterioridad en este mismo blog, el blaxloitation generó todo tipo de películas a lo largo de los años setenta, barajando distintos géneros con tal de ofrecer una variedad interesante de cara al espectador, en un mismo tiempo podías encontrar en la cartelera comedias disparatadas, westerns salvajes o dramas urbanos. Por supuesto las artes marciales hicieron acto de presencia, no podían faltar, más aún si tenemos en cuenta que nos referimos a una década en la que el género vivía uno de sus mejores momentos (el éxito de Bruce Lee, los inicios de Jackie Chan, la serie “Kung Fu”...). Y fue Jim Kelly, sin duda, la estrella más importante en este sentido, pues tras revelarse en “Operación dragón” (1973), comenzó a participar en multitud de largometrajes de acción combinando roles protagónicos con secundarios de lujo que otorgaban cierta nota marcial a la función. Es en este segundo grupo donde debemos enmarcar “Los demoledores”, película concebida para en ella reunir a un trío de astros del blaxploitation, a saber, Jim Brown, Fred Williamson y, claro, Kelly. Adscrita dentro de la categoría del cine de mad doctors, el villano de la historia es un demente que pretende introducir en la ciudad un liquida letal para las personas de raza negra pero inofensivo para los blancos. Cuando un muchacho afroamericano los descubre sufre las consecuencias, no sin antes advertir a su buen amigo Jimmy, un auténtico tipo duro que con la ayuda de sus colegas Jaggers y Keyes (Williamson y Kelly, respectivamente) tramará un plan para impedir los diabólicos planes de su enemigo.

Acción, sexo, persecuciones, pirotecnia, música R&B y un claro ataque hacía el racismo estadounidense son los principales elementos que concilian en los noventa minutos de metraje que conforman la cinta, un clásico de la época recordada sobre todo ya que permitió juntar en un mismo plano a tres de los actores más queridos de la tendencia en una aventura ágil, divertida y de fácil digestión. Por su parte, aunque Kelly no hace acto de presencia hasta bien entrada historia, nos regala algunos de los mejores momentos de su filmografía, como ese combate contra unos policías en medio de un aparcamiento. Conectando con el inicio del texto, podemos situar a “Los demoledores” en un termino medio, pues ni es una excelente propuesta de obligada visión ni un filme abyecto que deba olvidarse con rapidez. Dirige, por cierto, el fallecido Gordon Parks Jr., hijo del afamado cineasta responsable de los imprescindibles primeros títulos de la saga “Shaft”.

Puntuación: 6/10

martes, 27 de junio de 2017

LA SERPIENTE DEL DRAGÓN (Ren gui she hu da jue dou, 1978)



Magia negra, fantasmas y artes marciales son los principales ingredientes de esta entretenida cinta protagonizada por Carter Wong, aquí encarnando a un joven viajero en cuyo camino se topan los más extraños personajes, entre ellos una zorra con más de cien años y cuerpo de mujer, luchadores capaces de transformarse en serpiente, o el espíritu de una señora que fue violada y asesinada en el pasado. Todo muy alocado, con una trama que no se puede seguir con facilidad dada la gran cantidad de personajes que entran y salen de la pantalla, así como por el inusual tono fantástico de la propuesta, lejos de las habituales tramas de venganzas y monjes Shaolin. No obstante se trata de una producción interesante plagada de buenos momentos, como aquel combate entre serpientes o la presencia del espectro de cabellos largos y oscuros, tan común en Asia, y que hoy en día sigue funcionando en películas japonesas, como la reciente “Sadako vs Kayako” (2016). Por su parte, Carter Wong se encontraba en plena forma a la hora de rodar el filme, y le vemos ejecutando varias coreografías a lo largo de todo el metraje, un aliciente más para su visionado. A su manera, un clásico en cierto modo reivindicable, conocedora además de una engañosa distribución en vídeo en España, pues su carátula confeccionada por la empresa Impacto Video prometía persecuciones en coche y armas de fuego. Por supuesto, nada de eso se encuentra en el metraje...

Puntuación: 6/10

jueves, 22 de junio de 2017

HOUSE OF FURY (Jing mo gaa ting, 2005)


Comedia de acción fabricada para el disfrute en familia, “House of fury” fue uno de los largometrajes que Stephen Fung dirigió bajo el sello de su poderoso padrino, Jackie Chan. Contando con Yuen Woo Ping como coreógrafo de las escenas de lucha y un reparto de lujo con nombres como los de Anthony Wong o Daniel Wu, Fung se marca un “Spy Kids” a la oriental con Wong dando vida a un ex-agente secreto retirado que es secuestrado por un villano enfurecido. Por supuesto, serán sus hijos los encargados de rescatarle, adolescentes que nunca antes se habían visto envueltos en una aventura similar.

La premisa es buena y las intenciones nobles, pero la película no pasa de ser un inocente filme para el mercado infantil-juvenil. Dudo que se convierta en un clásico del género, pero gracias a las secuencias de acción y sobre todo a la presencia del genial Anthony Wong, la cinta es perfectamente disfrutable y, por supuesto, preferible a otros productos similares, como la mentada saga de Robert Rodriguez.  

Puntuación: 5/10

lunes, 19 de junio de 2017

LOS INMORTALES: JUEGO FINAL (Highlander: Endgame, 2000)


“Los inmortales”, aquella saga de aventuras y ciencia-ficción que aterrizó en nuestras pantallas a mediados de los años ochenta, caló lo suficiente como para que conociera hasta cinco entregas y diversas series de televisión. La historia ya se sabe: una raza de seres inmortales que navegan por nuestro mundo a través de los años que únicamente conocen la muerte si su cabeza es cercenada. Con dos protagonistas claros en la franquicia -Christopher Lambert primero, Adrian Paul después-, las virtudes de estas fábulas llenas de acción y romance no son pocas: desde los soundtracks plagados de temas de Loreena McKenitt o Queen, hasta los excelentes actores que en un momento u otro intervinieron en las aventuras: Sean Connery, Virgina Madsen, Michael Ironside, Mako o Mario Van Peebles, por destacar a unos pocos.

Ahora nos detendremos en la cuarta parte de las hazañas cinematográficas, datada del año 2000 y que llevó por título “Los inmortales: juego final”. Concebida en realidad para conectar definitivamente la principal serie catódica con los acontecimientos de la gran pantalla, vemos como claramente Lambert, estrella de las tres primeros largometrajes, le pasa el testigo a Adrien Paul, quien había triunfado protagonizando más de cien episodios televisivos. De modo que el argumento es poco novedoso para los que conocen bien la saga: Connor (Lambert), cansado de su inmortalidad y ver que aquellos a los que ama van falleciendo se refugia en un antiguo monasterio, pero su tranquilidad se derrumba cuando aparece Jacob (Bruce Payne), un nuevo villano deseoso de convertirse en el último inmortal y así aplicar la celebre frase de “sólo puede quedar uno”. De este modo, Connor y su amigo Duncan (Paul) deberán luchar juntos para acabar con el enemigo y con su ejercito de inmortales.

Con aspecto casi de episodio alargado, esta cuarta entrega no conoció el aplauso del público ni de la crítica, convirtiéndose en uno de los peores pasajes de una saga. Empero, la película contó con el concurso de una estrella muy querida por los aficionados a las artes marciales, nada menos que Donnie Yen, que con este filme debutaba en Hollywood e iniciaba una carrera internacional que, por suerte, continua hoy en día. Yen interpreta a uno de los rivales principales, un inmortal de nacionalidad oriental experto en el arte de la lucha cuerpo a cuerpo y en el manejo de la espada, habilidades que demuestra en la gran mayoría de sus escenas, pasando a ser, claro, lo mejor de la propuesta. Dicho de otro modo, cada vez que Yen entra en el metraje, el interés aumenta y da algo más de sentido al visionado de la cinta. Por desgracia, más allá de eso el largometraje flojea en varios sentidos (ritmo, interés argumental... ) y su fama de “producto fallido” no debe sorprender en demasía. Existe un montaje alternativo con diferentes escenas adicionales que por lo visto es superior al original. No lo he comprobado, pero francamente, dudo que aporte demasiado a este trabajo en verdad poco relevante.        

Puntuación: 5/10