Recuerdo cuando hace muchos años vi en
un videoclub la carátula de este filme; al titularse “Sanctuary”
y estar protagonizada por Mark Dacascos (que venía de hacer la
excelente “Crying Freeman: los paraísos perdidos”) pensé que se
trataba de una nueva incursión del actor hawaiano en el universo del
manga japonés. Nada más lejos de la realidad, pues este
largometraje dirigido por Tibor Takács nada tiene que ver con la
obra de Sho Fumimura y Ryoichi ikegami. Ignoro si la idea de los
productores y los distribuidores era engañar a los fans de los
orientales, pero ahí queda la anécdota.
Sea cómo sea, lo cierto es que la
película “Sanctuarty” me pareció horrible hace unas décadas, y
vista recientemente mi concepción no ha variado ni un ápice. Esta
película es un bodrio sin salvación que no hace honor a las
interesantes carreras de sus principales artífices: Takács tiene
cintas mucho más interesantes en su filmografía, lo mismo que
Dacascos, que con todo demuestra una vez más sus innegables dotes
para el cine de acción. El guión nos presenta una desordenada y
poco interesante trama política y clerical elaborada a base de
largos y confusos
flasbacks. Un muchacho huérfano recogido
por una especie de secta es entrenado y convertido en una máquina de
matar, empleado por el gobierno como mercenario. Años después, se
arrepiente de sus pecados y se convierte en sacerdote, pero sus
antiguos jefes volverán a necesitar sus servicios. Tiroteos, peleas,
traiciones, erotismo...de todo hay pero mal colocado, convirtiendo el
entero en un producto difícil de digerir, aburrido en líneas
generales que únicamente levanta el vuelo en aquellos breves
instantes en los que Dacascos puede lucirse como actor marcial. No
obstante es un largometraje del que es recomendable huir.
Puntuación: 2/10
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